23 de octubre de 2026

Curiosidad que conecta

Qué les pasa a los astronautas al volver tras meses en el espacio

Te levantas deprisa del sofá después de una buena siesta y, durante un par de segundos, se te nubla la vista y las piernas flojean. La sangre se te ha ido hacia los pies y al corazón le cuesta un instante volver a subirla hasta la cabeza. Ahora imagina ese mismo gesto después de pasar 237 días sin pesar nada.

Es lo que le esperaba a Sophie Adenot, la astronauta francesa de la Agencia Espacial Europea (ESA). Volvió con la Crew-12, cuya cápsula Dragon amerizó frente a Los Ángeles el jueves 8 de octubre de 2026 a las 17:34, hora peninsular, según la NASA. Fueron 237 días, 5 horas y 18 minutos, y la ESA los presenta como el nuevo récord europeo de vuelo espacial más largo, más de 35 días por encima del que tenía el italiano Luca Parmitano. El récord absoluto sigue siendo del ruso Valeri Polyakov, con 437 días seguidos en la estación Mir entre 1994 y 1995, como recuerda la revista Astronomy. Sus relevos, los de la Crew-13, habían llegado a la Estación Espacial Internacional el 2 de octubre en un viaje de récord.

¿Qué le pasa al cuerpo al volver de tanto tiempo arriba? Casi todo lo que se pierde en órbita se recupera, pero a ritmos muy distintos. El mareo al ponerse de pie suele pasar en unos días, y la fuerza y el equilibrio se trabajan en un programa de mes y medio que la mayoría de los astronautas de la NASA termina igual o mejor que antes de despegar. Los huesos de las piernas son lo más lento: un año después, la mitad de los astronautas de un estudio aún no los había recuperado del todo. Algunos cambios en los ojos pueden durar años, aunque se corrigen con gafas.

Adenot pasó los primeros controles médicos en el barco de rescate y, según el plan de la ESA, de allí iría a Houston y después al Centro Europeo de Astronautas, en Colonia (Alemania). Casi todo lo que le espera tiene la misma raíz, porque en órbita el cuerpo deja de cargar con su propio peso.

Huesos y músculos, lo que más tarda en volver

El hueso es un tejido vivo que se rehace según el esfuerzo que soporta, y en órbita las caderas, la columna y las piernas apenas cargan nada. El Programa de Investigación Humana de la NASA ha comprobado que los huesos que soportan el peso pierden de media entre un 1 y un 1,5 % de su densidad mineral cada mes. El calcio que sueltan acaba en la orina y, con poca hidratación, sube el riesgo de piedras en el riñón.

Los músculos también pierden fuerza, aunque menos que antes gracias al ejercicio a bordo. En el estudio Sprint de la NASA, publicado en 2020 con 26 astronautas de misiones largas, la fuerza para estirar la rodilla bajó un 5,8 % y la capacidad aeróbica, un 6,1 %. Al volver, el músculo se recupera antes que el hueso.

Un estudio publicado en 2022 en Scientific Reports siguió a 17 astronautas. Un año después de aterrizar, la resistencia y la densidad de su tibia seguían entre un 0,9 y un 2,1 % por debajo de las de antes del vuelo, y 9 de ellos no habían recuperado del todo la densidad. A los de misiones de más de seis meses les fue peor, y los autores comparan lo que faltaba con una década o más del desgaste de hueso que trae la edad. La NASA, eso sí, señala que sus astronautas no tienen más riesgo de fractura.

La cara hinchada y los cambios en la vista (SANS)

En la Tierra, la gravedad tira de la sangre y del resto de líquidos hacia las piernas. Sin ella suben hacia el pecho y la cabeza, lo que la NASA llama síndrome de «cabeza hinchada y piernas de pájaro». Esa presión puede afectar a los ojos, y al conjunto de cambios se le llama SANS, el síndrome neuroocular asociado a los vuelos espaciales.

Una revisión publicada en 2020 en npj Microgravity describe sus signos. La cabeza del nervio óptico se hincha, la parte de atrás del ojo se aplana, aparecen pliegues en la coroides (la capa de vasos que lo alimenta) y la graduación se desplaza hacia la hipermetropía, de modo que cuesta más ver de cerca. Un consenso de expertos publicado en junio de 2026 en la revista Eye, con especialistas de la NASA, cifra en un 81 % los astronautas de la agencia con al menos uno de esos rasgos, y añade que los primeros signos aparecen en casi todos los que vuelan y empeoran cuanto más dura la misión.

¿Qué pasa al volver? Según la revisión de 2020, todos los afectados recuperaron una visión normal con gafas, pero en algunos el cambio de graduación duró años, y el aplanamiento del ojo también puede seguir ahí. La causa exacta todavía se discute, aunque el desplazamiento de líquidos hacia la cabeza es el principal sospechoso.

Por qué cuesta mantener el equilibrio al volver

El oído interno tiene unos sensores que notan la gravedad y la aceleración, y el cerebro cruza lo que dicen con lo que ven los ojos y lo que notan los pies. En órbita esas señales cambian y el cerebro se adapta; al volver, toca deshacer el camino. La NASA explica que el cambio de gravedad afecta a la orientación, a la coordinación, al equilibrio y a la forma de andar, y su ficha médica sobre el aterrizaje cuenta con el síndrome de adaptación a la entrada, el mareo del espacio pero al revés.

En un estudio de la NASA publicado en 2018 en Medicine & Science in Sports & Exercise, un día después de volver de seis meses en la Estación, lo que más les costaba a los astronautas era lo que exige equilibrio. Levantarse de un asiento y caminar esquivando obstáculos les llevaba un 31 % más de tiempo (en la mediana) que antes del vuelo, mientras que abrir una escotilla apenas empeoraba.

¿Por qué se marean al ponerse de pie?

Es el mareo del sofá, pero en grande. En órbita, el corazón no tiene que empujar la sangre cuesta arriba y el volumen de sangre baja entre un 10 y un 12 %, según un estudio de 2022 en Nature Medicine. Al volver, la gravedad la lleva de nuevo hacia las piernas y, según la NASA, al levantarse pueden no conseguir mantener la tensión, lo que da mareos e incluso desmayos.

Cuanto más larga es la misión, peor. En una prueba de la NASA publicada en 2015 en Aerospace Medicine and Human Performance, los astronautas debían aguantar diez minutos en una camilla inclinada a 80 grados, casi de pie. El mismo día del aterrizaje lo consiguieron solo 2 de 6 astronautas de la Estación, frente a 52 de 65 del transbordador espacial, con vuelos de un par de semanas. Tres días después lo lograron 13 de 15.

A eso se suma la sangre. En el estudio de Nature Medicine, con 14 astronautas, el cuerpo destruía en el espacio un 54 % más de glóbulos rojos que antes de despegar. Cuatro días después de aterrizar tenían un 8,8 % menos de hemoglobina, y 5 de 13 estaban en niveles de anemia. Un año más tarde, la destrucción seguía un 30 % por encima, aunque el cuerpo ya la compensaba fabricando más.

Para suavizar la vuelta, la ficha médica de la NASA prevé que beban líquidos con sal antes de bajar, que lleven prendas de compresión y que viajen recostados. A Adenot la ayudó a salir de la cápsula el equipo de rescate, como se ve en una foto de la ESA.

Defensas más bajas y más radiación

La NASA explica que en órbita suben las hormonas del estrés y cambian las defensas, lo que podría facilitar alergias u otras enfermedades, aunque las tripulaciones no suelen enfermar al volver. De 46 astronautas que pasaron unos seis meses en la Estación, el 46 % tuvo durante el vuelo algún problema que los médicos consideraron destacable, sobre todo erupciones en la piel y síntomas respiratorios (International Journal of General Medicine, 2016). También se reactivan virus que se quedan latentes en el cuerpo, como el de la varicela: en 14 de 23 astronautas de la Estación aparecieron en la saliva o en la orina, casi siempre sin síntomas (Frontiers in Microbiology, 2019). La ESA, por su parte, procura limitar los contagios tras la vuelta, porque el cuerpo está más vulnerable mientras se readapta.

El otro frente es la radiación. Sin la atmósfera por encima, los astronautas de la Estación reciben del orden de 0,5 milisieverts (mSv) al día, según un boletín de salud de astronautas de la NASA de 2023, cuando la media natural en la Tierra ronda los 2,4 mSv al año. Cada día allí arriba equivale, más o menos, a dos meses y medio de radiación natural aquí abajo. Su riesgo es a largo plazo, sobre todo de cáncer, y por eso la NASA pone a sus astronautas un tope de 600 mSv para toda la carrera, igual para cualquier edad y sexo.

Lo que enseñaron los gemelos Kelly

El estudio de los gemelos Kelly, publicado en Science en 2019, siguió a Scott Kelly durante 340 días en la Estación, entre 2015 y 2016, con su gemelo Mark en tierra como referencia. La vacuna de la gripe que se puso en órbita funcionó igual que en la Tierra, según la NASA. Seis meses después de volver, la mayoría de los indicadores estaban estables o habían vuelto a su nivel, aunque quedaban más daños en el ADN (trozos de cromosoma dados la vuelta), más telómeros cortos, algunos genes alterados y un rendimiento algo peor en pruebas cognitivas. Los autores concluyeron que la salud se puede mantener en lo esencial durante una misión así.

La espalda, unos centímetros más larga

Sin peso encima, la columna se estira y la estatura crece unos 5 centímetros, según un estudio con astronautas de la NASA publicado en 2016 en Spine. En una revisión de los historiales de 728 astronautas, el 52 % tuvo dolor de espalda al adaptarse al espacio, casi siempre leve (Aviation, Space, and Environmental Medicine, 2012).

Al volver, la zona lumbar llega más débil. En aquel estudio de Spine, la proporción de músculo magro en la zona lumbar de seis astronautas bajó del 86 al 72 % tras seis meses en la Estación, y en las seis semanas siguientes recuperaron el 68 % de lo perdido. Las hernias de disco, además, son 4,3 veces más frecuentes entre los astronautas de Estados Unidos que en personas parecidas que no han volado, y el riesgo es mayor nada más volver (misma revista, 2010).

Dos horas de ejercicio al día, también en órbita

Para frenar todo esto, los astronautas de la Estación hacen una media de dos horas de ejercicio al día, según la NASA, con una máquina de pesas (ARED), una cinta de correr a la que se sujetan con un arnés (T2) y una bicicleta estática (CEVIS). Con la ARED, que llegó en 2008 y admite el doble de carga que la anterior, y comiendo lo suficiente y con buena vitamina D, cinco astronautas mantuvieron la densidad de la mayor parte del esqueleto en misiones de cuatro a seis meses (Journal of Bone and Mineral Research, 2012). Otro estudio de 2019 en la revista Bone vio que la máquina sola frena la pérdida solo en parte, y que con alendronato, un medicamento contra la osteoporosis, se evitaba en la cadera.

Adenot, además, estrenó la máquina nueva de la ESA, la E4D, en el módulo europeo Columbus. Junta pesas, bicicleta y remo con algo que nunca se había hecho en el espacio, tirar de una cuerda, y está pensada para misiones más allá de la órbita baja, cuenta la agencia.

Mes y medio para recuperar la forma

La recuperación empieza el mismo día del aterrizaje. La NASA tiene un programa de 45 días, dos horas diarias y los siete días de la semana, que empieza por andar, la resistencia, la fuerza, el equilibrio, la flexibilidad y la propiocepción (saber dónde está cada parte del cuerpo sin mirarla) y va subiendo la exigencia. Al terminarlo, según sus entrenadores, la mayoría recupera la forma de antes del vuelo e incluso la mejora.

La ESA lleva a sus astronautas, tras pasar por Houston, a su Centro Europeo de Astronautas, en Colonia. El proceso dura unos 15 días tras una misión larga, y después el equipo de entrenamiento del centro se encarga de la rehabilitación y del seguimiento, explica la ESA. Para Adenot, la agencia France-Presse hablaba el 7 de octubre de unas tres semanas de recuperación en Colonia y de largos meses de ejercicio dirigido para volver del todo a su forma.

Qué cambiaEn el espacioAl volverFuente
Tensión al ponerse de pieEl volumen de sangre baja entre un 10 y un 12 %El día del aterrizaje, solo 2 de 6 aguantaron diez minutos casi de pie; a los tres días, 13 de 15Trudel et al., 2022; Lee et al., 2015
Glóbulos rojosSe destruyen un 54 % másA los cuatro días, un 8,8 % menos de hemoglobina; un año después, la destrucción sigue un 30 % por encimaTrudel et al., 2022
EquilibrioEl cerebro se adapta a vivir sin arriba ni abajoAl día siguiente, levantarse y caminar esquivando obstáculos lleva un 31 % más de tiempoMulavara et al., 2018
Músculos y forma físicaPierden fuerza y capacidad aeróbicaCon el ejercicio actual, un 5,8 % menos de fuerza para estirar la rodilla y un 6,1 % menos de capacidad aeróbica; la NASA los rehabilita en 45 díasEstudio Sprint, 2020; NASA
HuesosEntre un 1 y un 1,5 % menos de densidad al mes en los que cargan pesoUn año después, 9 de 17 astronautas no habían recuperado del todo la densidad de la tibiaNASA; Gabel et al., 2022
EspaldaLa estatura crece unos 5 cm y la mitad tiene dolor de espaldaSeis semanas después, recuperado el 68 % del músculo lumbar perdidoChang et al., 2016; Kerstman et al., 2012
Ojos (SANS)Al menos un rasgo en el 81 % de los astronautas de la NASACon gafas ven bien, pero algunos cambios duran añosGew et al., 2026; Lee et al., 2020
Lo que cambia en el cuerpo y cómo se recupera, según los estudios citados en el artículo. Cada uno midió a un grupo distinto de astronautas.

¿Ha pasado algún español por esto?

Ningún astronauta español de la ESA ha vivido una vuelta así. Pedro Duque, el primero, voló en 1998 y en 2003 en misiones de nueve y diez días, según la ESA. Sí la vivió Michael López-Alegría, astronauta de la NASA nacido en Madrid en 1958, como comandante de la Expedición 14 de la Estación, de septiembre de 2006 a abril de 2007. El siguiente puede ser Pablo Álvarez, el astronauta español de la ESA, que espera viajar a la Estación antes de 2030, según contó RTVC el 26 de septiembre desde Lanzarote, donde se entrenaba.

En la investigación también hay hilos que pasan por España. Joseph McIntyre, de Ikerbasque y Tecnalia, en el País Vasco, es coinvestigador de HomeBase, un experimento canadiense sobre la orientación que viaja con la Crew-13, y el desierto de Tabernas, en Almería, le ha servido a la ESA para ensayar el prototipo del robot que buscará vida en Marte.

A ti, la vista se te aclara a los dos segundos de levantarte del sofá. A Adenot le esperan unas tres semanas en Colonia, meses de ejercicio y una cita con EchoBones, el experimento de la ESA que le hará ecografías de los huesos para compararlas con las de antes de despegar.

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Fuentes

Juan A.

Soy Juan, entusiasta de la tecnología, los videojuegos, la inteligencia artificial y la actualidad que nos rodea. Juego a shooters como el CS2, cooperativos y single player con un PC que he ido mejorando pieza a pieza, y me gusta estar al tanto de todo lo que sale. En Ping Cero intento transmitir esa pasión contándote lo último, lo curioso y lo que merece la pena.

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