23 de octubre de 2026

Curiosidad que conecta

Detectan un posible planeta nacido de una estrella muerta

En el colegio te explicaron que los planetas nacen a la vez que su estrella. El Sol se formó hace unos 4.600 millones de años a partir de una nube de gas y polvo, y con lo que sobró a su alrededor se hicieron la Tierra, Júpiter y los demás, como recuerda la NASA. Son planetas de primera generación.

Un equipo de la Universidad de Warwick, en el Reino Unido, cree haber encontrado uno de segunda, un gigante de gas que se habría formado con el material que soltó su estrella al morir. Lo publicó el lunes 5 de octubre de 2026 en la revista Nature Astronomy. Gira alrededor de HS 0209+0832, una enana blanca (lo que queda de una estrella como el Sol cuando se apaga) situada a unos 270 años luz, en la constelación de la Ballena.

Nadie ha visto todavía ese planeta. La pista principal es química, porque sobre la estrella cae niobio, un metal que fabrican las estrellas moribundas, en una proporción más de mil veces mayor que la del Sol. El satélite TESS de la NASA vio además un parpadeo leve cada 4,4 días, compatible con un planeta del tamaño de Júpiter muy pegado a ella. «No es un planeta confirmado. Por ahora, solo es un candidato», reconoció a CNN Jamie Williams, el doctorando de Warwick que firma el estudio en primer lugar. Si se confirma, HS 0209+0832 sería la primera enana blanca con un planeta de segunda generación.

Las pistas que Hubble guardaba desde 1999

El 10 de enero de 1999, el telescopio espacial Hubble descompuso la luz ultravioleta de esta estrella, como hace un prisma con la del Sol. Cada elemento químico deja en ese espectro unas rayas oscuras en sitios fijos, que funcionan como un código de barras. Aquel análisis reconoció carbono, aluminio, silicio, calcio, titanio, níquel y zinc, pero dejó un centenar de rayas sin identificar.

Williams volvió a esos datos un cuarto de siglo después, con listas de átomos más completas, y vio que casi todas encajaban con el cobre y el niobio, que por sí solo explicaba más de 60 rayas. El equipo lo comprobó con un espectro del satélite FUSE de la NASA, de 2002, y no encontró niobio en otras 33 enanas blancas con metales. Es la primera vez que se detecta en una enana blanca, destaca la Universidad de Warwick.

Boris Gänsicke, catedrático de Warwick y coautor, admite en la nota de la NASA que el hallazgo lo dejó «boquiabierto». Gänsicke firma el estudio también con el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), el centro de Tenerife cuyo equipo acaba de medir la galaxia más grande que se conoce.

Qué es una enana blanca y por qué no debería tener metales

Una estrella como el Sol pasa casi toda su vida convirtiendo hidrógeno en helio en su centro. Cuando se le acaba el combustible, se hincha hasta convertirse en una gigante roja, expulsa sus capas de fuera y deja a la vista el núcleo. Eso es una enana blanca, una brasa que ya no produce calor nuevo y se va enfriando durante miles de millones de años. Suele tener el tamaño de la Tierra, pero con tanta masa que una cucharadita de su materia pesaría más que una camioneta, explica la NASA.

HS 0209+0832 es una recién llegada. Se quedó así hace unos 5 millones de años, y la estrella de la que viene tenía alrededor de 1,3 veces la masa del Sol. En la tabla, sus datos frente a los de nuestra estrella.

HS 0209+0832El Sol
Qué esEnana blanca desde hace unos 5 millones de añosEstrella en plena vida, con unos 4.600 millones de años
Masa0,61 veces la del Sol1
DiámetroUnos 20.000 km, algo más de una vez y media la TierraUnos 1,4 millones de km
Temperatura de la superficieUnos 35.500 °CUnos 5.500 °C
Niobio, en proporción al calcioMás de 1.000 veces el del Sol (en lo que cae sobre ella)La referencia
Planeta más cercanoPosible gigante gaseoso a unos 6 millones de km, con una vuelta cada 4,4 díasMercurio, a 58 millones de km de media, con una vuelta cada 88 días
El diámetro de HS 0209+0832 está calculado a partir del radio que da el estudio. Fuentes: Williams y otros (Nature Astronomy, 2026) y NASA.

Lo raro es lo que lleva encima. Su gravedad es tan fuerte que los elementos pesados se hunden hacia dentro en cuestión de días, y la superficie debería quedar casi limpia, con hidrógeno y poco más. Cuando se ven metales, es que algo está cayendo sobre la estrella ahora mismo. Pasa en muchas enanas blancas, que se tragan restos de asteroides y planetas destrozados, y esa lluvia suele parecerse a las rocas del Sistema Solar, con mucho silicio y mucho hierro (entre los dos suman casi la mitad de la masa de la Tierra).

Lo que cae sobre HS 0209+0832 no se parece a nada del Sistema Solar. Apenas hay silicio, no aparece el hierro y sobran el zinc, el cobre y, sobre todo, el niobio. Además le llega helio, un gas, lo que descarta que se esté tragando una roca. Para el equipo, lo que engulle es la atmósfera de un planeta gaseoso.

Por qué el niobio delata a una estrella moribunda

Las estrellas fabrican elementos químicos juntando núcleos de átomos, pero ese horno solo llega hasta el hierro. Los más pesados, como el niobio, «no se forman en el núcleo de las estrellas por fusión», explica en la nota de la NASA Nicholas Stone, astrofísico de la Universidad de Wisconsin-Madison y miembro del equipo. Salen, añade, de las condiciones exóticas que aparecen durante un tiempo breve dentro de las estrellas moribundas.

Una de esas vías es el proceso s, por slow («lento», en inglés). En la última fase de gigante de una estrella como el Sol se liberan neutrones en su interior, y los núcleos de hierro los van atrapando de uno en uno, muy despacio. Cuando un núcleo se vuelve inestable, uno de sus neutrones se transforma en protón y el átomo sube una casilla en la tabla periódica. Así, paso a paso, aparecen el estroncio, el circonio, el niobio o el bario. Esas gigantes fabrican la inmensa mayoría de los elementos que salen por esta vía en el universo, recuerda el estudio, y al final los sueltan al espacio con sus capas de fuera.

Un planeta hecho con ese material llevaría una firma muy distinta de la de la Tierra, con el niobio por las nubes; es «una firma química que ningún planeta corriente, de primera generación, debería llevar», en palabras de Stone en la nota de Warwick. En el Sol hay un átomo de niobio por cada 38.000 millones de hidrógeno, y en lo que cae sobre HS 0209+0832 es más de mil veces más abundante, en proporción al calcio.

Un parpadeo cada 4,4 días apunta al planeta

La química dice de qué está hecho lo que cae; la pista sobre quién lo suelta llegó de TESS, el satélite de la NASA que busca planetas alrededor de otras estrellas. Durante cuatro meses, repartidos entre 2021 y 2023, vio que su brillo subía y bajaba un 0,12 % cada 4,4 días. El equipo lo atribuye a un gigante gaseoso a unos 6 millones de kilómetros, unas diez veces más cerca de ella que Mercurio del Sol, con una cara siempre de día y otra siempre de noche; al girar, veríamos más o menos de su lado caliente. La otra explicación del estudio es una cola de gas, como la de un cometa, que se cruza por delante.

A esa distancia, la radiación ultravioleta de una estrella tan joven y caliente le va arrancando la atmósfera, y parte de ese gas acaba cayendo sobre la enana blanca. Lo que Hubble leyó en 1999 en la superficie de la estrella sería, en el fondo, el planeta en pequeñas dosis.

¿Cómo se forma un planeta con los restos de una estrella? Es complicado, y Williams cree que por eso son tan raros. Una estrella solitaria suelta sus capas más o menos por igual en todas direcciones, y así no queda un disco del que pueda nacer un planeta. Su hipótesis es que HS 0209+0832 tuvo una compañera, quizá una estrella pequeña de un 20 % de la masa del Sol o una enana marrón (un objeto a medio camino entre estrella y planeta), que acabó dentro de la gigante y dejó parte del material girando a su alrededor. Ahí se habría formado el planeta en menos de 5 millones de años, lo que lleva la estrella convertida en enana blanca.

Ilustración en cuatro paneles: una estrella amarilla parecida al Sol, la misma estrella convertida en una gigante roja, una enana blanca rodeada por un disco azulado de restos y, en el último, la enana blanca con un planeta a un lado que pierde gas hacia el disco.
De estrella como el Sol a enana blanca con un planeta de segunda generación, según la hipótesis del estudio; no está a escala. Ilustración: NASA, ESA, L. Hustak (STScI), con los rótulos traducidos por Ping Cero.

¿Qué falta para confirmarlo?

Ver el planeta, o al menos una señal que solo pueda venir de él, porque de momento todo es indirecto. El parpadeo de TESS es muy débil. Mirando por separado los cuatro periodos de observación, solo asoma con claridad en dos, aunque al juntarlos la señal sí destaca. El equipo descartó que viniera de cuatro estrellas vecinas de brillo parecido, que caen en los mismos píxeles de TESS.

Ese ritmo podría ser el giro de la propia enana blanca, aunque el estudio lo ve improbable: suelen dar una vuelta en poco más de un día y, de 20 medidas con el telescopio espacial Kepler, solo una pasaba de cuatro. Tampoco se sabe cuánto pesa el planeta, aunque el infrarrojo del telescopio Spitzer descarta un compañero de más de unas 20 veces la masa de Júpiter. La compañera que se hundió en la gigante también es, por ahora, una hipótesis.

Los siguientes pasos ya están pensados. El equipo quiere volver a observar el sistema durante el próximo año con Hubble y con el observatorio de rayos X Chandra, y ha pedido tiempo del telescopio espacial James Webb, cuenta CNN. Fuera del equipo, la astrónoma Sarah Casewell, de la Universidad de Leicester, describió a esa cadena el material que cae sobre la estrella como «increíblemente inusual».

El Sol también acabará como enana blanca

Dentro de unos 5.000 millones de años, el Sol se hinchará como gigante roja hasta tragarse a Mercurio y a Venus, y quizá también a la Tierra, según la NASA. Después soltará sus capas de fuera y quedará una enana blanca, el final que espera a casi todas las estrellas. La que dio origen a HS 0209+0832 era una estrella como el Sol, algo más pesada.

Hasta ahora, la historia de los planetas de estas estrellas muertas era de supervivientes y escombros. WD 1856 b, un gigante del tamaño de Júpiter descubierto en 2020 a unos 80 años luz, da una vuelta a su enana blanca cada 34 horas y, según la NASA, sobrevivió a la muerte de su estrella. Los primeros planetas hallados fuera del Sistema Solar, en 1992, giran alrededor de un púlsar, el cadáver de una estrella que estalló, y se sospecha que nacieron después de la explosión, pero los púlsares son mucho más raros que las enanas blancas.

Como el Sol acabará siendo una enana blanca, en HS 0209+0832 «también estamos viendo el futuro del Sistema Solar», dijo a CNN David J. Wilson, coautor del estudio e investigador de la Universidad de Colorado en Boulder. Eso sí, el propio estudio ve poco probable que se forme un disco así alrededor de una estrella solitaria, y el Sol no tiene compañera. Gänsicke deja la pregunta abierta en la nota de Warwick: cuántos planetas así habrá ahí fuera y si el Sistema Solar podría tener algún día uno hecho con las cenizas del Sol.

Dónde está en el cielo de otoño

Si estas noches sales a ver Saturno, que pasa el otoño en la Ballena, HS 0209+0832 está en la misma constelación, a unos 23 grados de él, hacia el este. A principios de octubre pasa por lo más alto hacia las 3:30 de la madrugada, a casi 60 grados sobre el horizonte sur visto desde Madrid. Con magnitud 14 no se ve a simple vista ni con prismáticos, y con un buen telescopio sería un punto de luz como tantos. Todo lo que se sabe de su posible planeta sale de descomponer esa luz.

La lección del colegio sigue valiendo para la Tierra, que nació con el Sol. Al libro de texto, HS 0209+0832 podría añadirle una página al final, la de las estrellas muertas que todavía crían planetas con sus propios restos. Las rayas que Hubble apuntó en 1999 tardaron más de un cuarto de siglo en tener nombre; las pruebas que faltan para ese planeta llegarán de Hubble, de Chandra y, si el equipo consigue tiempo, del James Webb.

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Fuentes

Juan A.

Soy Juan, entusiasta de la tecnología, los videojuegos, la inteligencia artificial y la actualidad que nos rodea. Juego a shooters como el CS2, cooperativos y single player con un PC que he ido mejorando pieza a pieza, y me gusta estar al tanto de todo lo que sale. En Ping Cero intento transmitir esa pasión contándote lo último, lo curioso y lo que merece la pena.

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