23 de octubre de 2026

Curiosidad que conecta

Un primo del T. rex, a subasta: el debate de los fósiles privados

En octubre de 2023, en una feria de arte de Londres, una galería pedía 20 millones de dólares por el esqueleto de una cría de Tyrannosaurus rex. Lo llamaban «Chomper». Tres años después, esos mismos huesos esperan en el vestíbulo de Sotheby’s, en Nueva York, con otro nombre, otra especie y una estimación que no llega a la mitad.

Ahora se llama «Jodi», Sotheby’s lo presenta como un Nanotyrannus y lo subasta el martes 27 de octubre de 2026 a las 10:00 de Nueva York, que en la España peninsular serán las 15:00, ya con el horario de invierno, y en Canarias, las 14:00. La casa calcula que alcanzará entre 6 y 9 millones de dólares, de 5,3 a 8 millones de euros al cambio del 16 de octubre de 2026. Lo de «primo del T. rex» tiene base en dos estudios de 2025, aunque el parentesco es lejano, y hasta hace un año la mayoría de los paleontólogos lo tenía por un T. rex adolescente. Detrás de la puja hay dos historias, la de cómo cambió de identidad y la de si un fósil así debería poder acabar en una colección privada.

Qué es Jodi y qué se vende exactamente

Jodi Pierson, una ranchera de Montana, encontró los primeros huesos en 2019 en sus tierras, cerca del pueblo de Jordan, en el condado de Garfield. Los sacó un equipo de excavadores comerciales del que formaba parte su primo, Clayton Phipps, al que Sotheby’s presenta como «el vaquero de los dinosaurios». La ficha habla de una sola campaña de campo en 2019, mientras que The Art Newspaper contaba en 2023 que sacar los huesos había llevado casi tres años. El esqueleto pasó en 2021 a la colección privada que lo vende ahora, según la ficha del lote.

Vivió hace unos 67 millones de años, al final del Cretácico, y salió de la formación Hell Creek. El esqueleto montado mide unos 2 metros de alto y 6 de largo, y reúne unos 191 huesos fósiles, entre ellos un cráneo de 53 piezas con unos 50 dientes. Lo que falta se ha completado con piezas impresas en 3D y esculpidas.

La ficha no dice qué porcentaje del animal es hueso fósil. Cassandra Hatton, responsable de ciencia e historia natural de Sotheby’s, dijo a AP que está completo en casi un 70 %. En 2023, la galería que lo vendía hablaba de un 55 %, con más del 90 % del cráneo, según The Art Newspaper. Los medios tampoco coinciden en los dientes, que unos cuentan en 35 y otros en 50, y la casa no cita ningún estudio publicado sobre el ejemplar.

Está expuesto desde el 13 de octubre en la sede de Sotheby’s en Manhattan. Quien lo compre se lo llevará, y la ficha no menciona ningún préstamo a un museo ni acceso para investigadores.

De cría de T. rex a Nanotyrannus en tres años

La feria de 2023 era Frieze Masters, la que Frieze dedica al arte de la Antigüedad al siglo XX y que se celebra en Londres a la vez que Frieze London, y fue del 11 al 15 de octubre. La galería David Aaron llevó allí a «Chomper» como un T. rex joven y pedía 20 millones de dólares, unos 17,8 millones de euros al cambio del 16 de octubre de 2026. The Art Newspaper lo describió como el esqueleto de T. rex juvenil más caro que había salido al mercado. Sotheby’s recoge aquella exposición en la ficha de Jodi con una aclaración entre paréntesis, que entonces estaba «identificado por error como un T. rex juvenil».

La confusión viene de lejos. En 1942 apareció un cráneo pequeño de tiranosaurio que hoy guarda el Museo de Historia Natural de Cleveland. En 1988, Robert Bakker y otros dos investigadores lo bautizaron Nanotyrannus, «tirano enano», pero con los años se impuso la idea de que era un T. rex joven, que cambiaba tanto al crecer que parecía otro animal. En enero de 2020, un estudio dirigido por Holly Woodward Ballard, hoy en la Universidad Estatal de Oklahoma, cortó huesos de dos ejemplares del Burpee Museum de Rockford (Illinois), entre ellos el llamado Jane, y concluyó en Science Advances que aún estaban creciendo.

El giro llegó el 30 de octubre de 2025. Lindsay Zanno, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, y James Napoli publicaron en Nature el estudio del Nanotyrannus de los «Dueling Dinosaurs», un esqueleto casi completo que apareció en Montana en 2006 junto a un tricerátops. Según su análisis, aquel animal estaba cerca de la edad adulta y compartía con el cráneo de Cleveland rasgos que no cambian al crecer, de modo que no podía ser un T. rex en desarrollo. También describieron una segunda especie, Nanotyrannus lethaeus, en la que incluyen a Jane.

Cinco semanas después, el 4 de diciembre, otro equipo llegó a lo mismo por otro camino. Christopher Griffin, de la Universidad de Princeton, y Caitlin Colleary, conservadora del museo de Cleveland, publicaron en Science el análisis del hioides del cráneo de 1942, un hueso fino de debajo de la mandíbula que, a diferencia de otros huesos del cráneo, conserva los anillos de crecimiento. Las capas finales indicaban que el animal había dejado de crecer y, por tanto, era adulto. Griffin calcula que pesaba en torno a una décima parte que un T. rex.

De ahí sale lo de «primo». Los dos pertenecen a los tiranosauroideos, el grupo amplio de los tiranosaurios y sus parientes, pero el estudio de Nature coloca a Nanotyrannus fuera de los tiranosáuridos, la familia más estrecha a la que pertenece el T. rex, y AP lo llama «primo lejano». Era más pequeño, de entre 5,5 y 6 metros de largo de adulto, con los brazos más largos y más dientes, y más finos. Hatton lo compara con el león y el guepardo, dos cazadores que vivían en el mismo sitio y perseguían presas distintas.

Con el nombre cambió el precio. Los 20 millones de 2023 eran lo que pedía una galería, y no consta que nadie los pagara, porque la ficha de Sotheby’s sitúa a Jodi en la misma colección privada desde 2021. Los 6 a 9 de ahora son una estimación, y en las últimas subastas de dinosaurios las estimaciones se han quedado muy cortas. Gus, un T. rex vendido en julio, se esperaba en 20 a 30 millones y llegó a 50,1.

Quién se ha convencido y quién sigue dudando

Varios paleontólogos ajenos al estudio de Nature, entre ellos dos que dudaban de que Nanotyrannus existiera, lo recibieron como un cambio importante. Steve Brusatte, de la Universidad de Edimburgo, dijo a The New York Times que la gran conclusión del trabajo de Nature es que «Nanotyrannus es real». Dave Hone, de la Universidad Queen Mary de Londres, habló de un «cambio real» en el equilibrio de las pruebas. Thomas Holtz, de la Universidad de Maryland, recordó en Science News que todas las demás comunidades de tiranosaurios conocidas tenían más de una especie.

Las dudas siguen en los detalles. Thomas Carr, del Carthage College, que desde hace años defiende que Nanotyrannus era un T. rex joven, calificó en el Times de «bastante concluyente» la identificación del ejemplar de los «Dueling Dinosaurs», pero discute que Jane sea otra especie de Nanotyrannus y se preguntó dónde están entonces los T. rex jóvenes: si todos los tiranosaurios pequeños del oeste de Norteamérica fueran Nanotyrannus, dijo, esa parte del cuadro «no cuadra». Woodward Ballard tampoco ve a Jane como N. lethaeus, ni siquiera como Nanotyrannus. Según Science News, cree que Jane seguía creciendo y que ya era más grande que N. lancensis, aunque da por bueno que el ejemplar de los «Dueling Dinosaurs» se acercaba al tamaño adulto. El propio Holtz reconoce la paradoja, porque si Nanotyrannus es real, «otra vez no sabemos cómo es un T. rex adolescente».

Jodi entra en esta discusión con una etiqueta prudente. Sotheby’s lo presenta como Nanotyrannus cf. lancensis, y ese «cf.» es lo que escriben los paleontólogos cuando un ejemplar se parece a una especie pero la identificación está pendiente de un estudio a fondo. La casa lo considera adulto por su tamaño y por el desarrollo de los huesos, sin citar ningún análisis publicado sobre Jodi, e IFLScience recordaba el 7 de octubre que no todos los expertos aceptan esa asignación.

Lo que dicen los paleontólogos y lo que responden Sotheby’s y los excavadores

La Sociedad de Paleontología de Vertebrados (SVP), que reúne a más de 2.000 científicos, preparadores y educadores, no aprueba en su código ético la compraventa de fósiles de vertebrados de importancia científica, salvo cuando sirve para que entren o se queden en una institución pública. Su argumento es que la ciencia tiene que poder comprobarse. Si un fósil acaba en una colección particular, sostiene la sociedad, no hay garantía de que otro investigador pueda volver a medirlo para revisar lo ya publicado.

En abril de 2020, la sociedad pidió por carta a los editores de revistas que no publicaran estudios sobre fósiles de colecciones privadas, ni siquiera de los prestados a largo plazo a un museo, porque no hay garantía de que sigan disponibles para comprobar los resultados. Su presidente, Stuart Sumida, profesor de biología de la Universidad Estatal de California en San Bernardino, lo dijo así a AP a propósito de Jodi: «No se puede publicar ningún estudio revisado por pares sobre ejemplares que no estén bajo custodia pública». Añadió que, una vez en manos privadas, generaciones de niños y adultos no lo volverán a ver.

En julio, tras la venta de Gus, Sumida acusó en NPR a casas como Sotheby’s y Christie’s de ser «cómplices» de sacar datos de la ciencia. Kristina Curry Rogers, vicepresidenta de la sociedad, expresó su esperanza de que el nuevo dueño lo donara enseguida a un museo acreditado y recordó que un fósil sigue dando ciencia años o décadas después de encontrarse, con técnicas nuevas.

El cráneo de Cleveland es el ejemplo que pone Colleary. Lleva más de 80 años en una colección pública, y para el estudio de 2025 se pudo cortar y analizar uno de sus huesos, el hioides, para zanjar la duda. «Hemos invertido en cuidar este ejemplar durante más de 80 años, y eso es lo que permite estudios como este», explicó a la Universidad de Princeton.

Sotheby’s lo ve de otra manera. «No hay suficientes universidades y museos excavando y haciendo trabajo de campo», dijo Hatton a AP, y por eso, en su opinión, hacen falta buscadores privados que arriesguen su propio dinero. Añadió que sin los cazadores profesionales de dinosaurios quizá ni se sabría que Nanotyrannus existe, una idea que Sumida calificó de «mentira descarada». En 2024, a propósito de otra venta, Hatton dijo a NPR que la gran mayoría de los clientes compran para museos o acaban donando las piezas.

Walter Stein, antiguo responsable de colecciones del Wyoming Dinosaur Center y dueño de la empresa PaleoAdventures, en Dakota del Sur, defendió en NPR a los excavadores comerciales. Calcula que más de la mitad de los T. rex excavados se deben a empresas con ánimo de lucro, recuerda que sacar un esqueleto lleva miles de horas de trabajo y prefiere que un fósil acabe en manos privadas a que se deshaga a la intemperie. Si los académicos se niegan a estudiar estos ejemplares, dice, «están ignorando a propósito más de la mitad de los datos disponibles».

Dave Hone no lo ve tan fácil. Contó a NPR que le asombraría que Gus acabara donado a un museo y estudiado.

Los «Dueling Dinosaurs» sirven de argumento a las dos partes. Los sacó en 2006 el equipo de Clayton Phipps, el mismo excavador comercial de Jodi, en un rancho del mismo condado, a unos 13 kilómetros. En 2020 los compró para el Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte una asociación de amigos del museo, con dinero de fundaciones privadas y de la ciudad, el condado y el estado. El estudio de Nature agradece esa compra, que permitió que el ejemplar entrara en custodia pública «para estudiarse a perpetuidad». Lo encontró un excavador comercial y lo estudiaron en un museo.

Lo que se ha pagado por otros dinosaurios y dónde acabaron

Jodi llega después de varios récords seguidos. Así acabaron los dinosaurios más sonados que han pasado por una subasta.

EjemplarSubastaPrecioDónde está
Sue (T. rex)Sotheby’s, octubre de 19978,36 millonesMuseo Field de Chicago, que lo compró con ayuda de empresas como McDonald’s y Disney
Stan (T. rex)Christie’s, octubre de 202031,8 millonesMuseo de Historia Natural de Abu Dabi; no se supo dónde estaba hasta 2022
Apex (estegosaurio)Sotheby’s, julio de 202444,6 millonesPrestado por su comprador, Kenneth C. Griffin, al Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, en principio durante cuatro años desde diciembre de 2024
Ceratosaurio jovenSotheby’s, julio de 202530,5 millones (estimación: de 4 a 6)Comprador anónimo; Sotheby’s dijo que pensaba prestarlo a una institución
Gus (T. rex)Sotheby’s, 14 de julio de 202650,1 millones (estimación: de 20 a 30)Comprador anónimo; sin estudios publicados, según NPR
Jodi (Nanotyrannus)Sotheby’s, 27 de octubre de 2026Estimación: de 6 a 9 millones—
Precios en dólares, los anunciados tras cada subasta. Fuentes: AP, NPR, Live Science, Smithsonian Magazine, CNN, Deseret News y Sotheby’s.

Qué pasaría si Jodi hubiera salido de una finca de Teruel

En Montana, donde se halló Jodi, la dueña del terreno podía vender los huesos: un fósil hallado en terreno privado es del dueño del terreno. El Tribunal Supremo del estado lo confirmó en mayo de 2020, por cuatro votos a tres, en el pleito por los «Dueling Dinosaurs». Los dueños de los derechos mineros del rancho reclamaban el esqueleto, y el tribunal decidió que los fósiles no son minerales y pertenecen al dueño de la superficie. En 2019, la Legislatura de Montana ya había aprobado por unanimidad una ley en ese sentido, salvo que el contrato de minerales reserve los fósiles. La ficha de Sotheby’s asegura que Jodi se vende «con todos los derechos» y con documentación que acredita la legalidad de la propiedad.

En España se parte de la regla contraria. La Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español incluye en ese patrimonio los objetos de interés paleontológico (artículo 1.2), y su artículo 44 declara bienes de dominio público todos los objetos con esos valores que se descubran en excavaciones, obras o por azar. Quien los encuentre tiene que comunicarlo a la Administración en un máximo de 30 días, o de inmediato si es un hallazgo casual, y la ley descarta expresamente la regla del Código Civil sobre los tesoros ocultos (artículo 351), que da el tesoro al dueño del terreno y, si otra persona lo encuentra por casualidad en terreno ajeno, la mitad a quien lo encuentra.

Un bien de dominio público queda fuera del comercio. La Constitución (artículo 132) encarga a la ley regular ese régimen inspirándose en los principios de inalienabilidad, imprescriptibilidad e inembargabilidad, es decir, que el bien no se puede vender, que nadie lo adquiere por tenerlo mucho tiempo y que no se puede embargar. Si el esqueleto cae bajo el artículo 44, algo que se discute y que se explica en el párrafo siguiente, sería público desde el hallazgo, y ni quien lo encontrara ni el dueño de la finca podrían subastarlo. La ley sí reconoce un premio en metálico de la mitad del valor de tasación, a partes iguales entre el descubridor y el propietario del terreno (artículo 44.3). Jodi Pierson sería a la vez descubridora y propietaria del terreno. El artículo no prevé ese caso, y lo más razonable es que cobrara toda esa mitad del valor de tasación, aunque es una interpretación y no una regla escrita. El esqueleto quedaría en manos de la Administración.

La ley estatal tiene un punto discutido. Su artículo 40 solo incluye en el patrimonio arqueológico los elementos geológicos y paleontológicos «relacionados con la historia del hombre y sus orígenes y antecedentes», y un dinosaurio es decenas de millones de años anterior a cualquier humano. Rosario Leñero Bohórquez, profesora de Derecho Administrativo de la Universidad de Huelva, explica en la revista PH del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (2018) que el dominio público de los hallazgos alcanza también a los fósiles por la vía de los artículos 1.2 y 44, y que quien se los lleva a escondidas no llega a ser su dueño. Varias comunidades autónomas protegen, también, el patrimonio paleontológico con nombre propio en sus leyes.

Es el caso de Aragón, donde estaría esa finca de Teruel. Su Ley 3/1999 del Patrimonio Cultural Aragonés define el patrimonio paleontológico como el anterior a la historia del hombre y sus orígenes (artículo 65), declara de dominio público de la comunidad autónoma los objetos con valores del patrimonio cultural aragonés que aparezcan en excavaciones, obras o por azar, con el mismo plazo de 30 días para comunicar el hallazgo (artículo 69), y exige autorización del director general de Patrimonio Cultural para cualquier intervención paleontológica (artículo 70). Quien no comunique el hallazgo pierde el premio, y las excavaciones autorizadas no dan derecho a él.

Con esas reglas, vender a Jodi en una subasta no habría sido legal. Habría sido de la comunidad autónoma desde que apareció el primer hueso, su excavación habría necesitado un permiso, y Jodi Pierson habría cobrado, como mucho, un premio fijado por tasación, sin pujas.

Los huesos que se subastan el martes son los mismos que se ofrecían en Londres en 2023 como una cría de T. rex. El nombre se lo cambiaron dos ejemplares guardados en museos, el cráneo de Cleveland y el Nanotyrannus de los «Dueling Dinosaurs», que sacó de la tierra el mismo excavador comercial que sacó a Jodi. El martes 27, hacia las 15:00 en la península, una puja de unos minutos decidirá quién se queda con Jodi, y de momento la ficha no dice si volverá a verse en un museo.

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Fuentes

Juan A.

Soy Juan, entusiasta de la tecnología, los videojuegos, la inteligencia artificial y la actualidad que nos rodea. Juego a shooters como el CS2, cooperativos y single player con un PC que he ido mejorando pieza a pieza, y me gusta estar al tanto de todo lo que sale. En Ping Cero intento transmitir esa pasión contándote lo último, lo curioso y lo que merece la pena.

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